mel~ (foreignermind) wrote,
mel~
foreignermind

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los causantes de mis dolores de cabeza.

título: ¡qué carajos!
fandom: original, sir or ma'am~
claim: liza&jude con algo más. :3
notas: meh, otro sin betear. *shrugs*



Jude, eres una nenaza de primera.

Si le preguntas a Jude, con mucho gusto te dirá que lo primero que escucha al despertar un ¿domingo? no es lo que esperaba y que le desagradaría mucho si no fuera la voz de aquella enana que adora la que le dijo eso.

~

Jódete, Ellie.

Liza sonríe al escuchar que al parecer no tendrá que abrir las cortinas o hacer algún otro cliché para despertarlo. Cuando Jude llegó totalmente borracho en la madrugada, había sido ella quien se tuvo que preocupar (sorprendente, lo sabe) por la salud del inglés. Diablos, ¡hasta durmió en la misma cama que él para asegurarse que no muriera de alguna forma patética (como ahogado con su propio vomito)!

~

Ese es mi chico. Anda, ahora levántate de esa cama y mueve tu trasero a la cocina. Preparé mis internacionalmente reconocidas tostadas francesas y algo de café.

Jude enarca una ceja al escuchar lo que Liza le dice. La última vez que la castaña cocinó fue en esa ocasión que él la llamó enfurecido luego de otra pelea con su (bastardo) padre en la madrugada y ella le dijo que tomara un taxi y fuera a su flat. Nunca hablaron de esa madrugada, pero él siempre estuvo agradecido por ella (y Liza nunca lo olvidó).

Bosteza. Restriega sus ojos. La vuelve a ver (dándole una oportunidad de que diga, ¡já! ¿En serio creíste que iba a cocinar para ti? Eres demasiado ingenuo, corazón). No dice nada y sabe que ella habla en serio. Traga en seco.

~

Carajo, ¿quién murió?

Liza deja salir una risita (ridícula) y niega con la cabeza. Por supuesto que Jude no creería que ella ha cocinado sin razón alguna (ella misma no lo puede creer o entender). Su relación amistad con Jude siempre ha sido basada en bromas, inmadurez y muchos golpes (además de burlas de él sobre su baja estatura, los tres años que él es mayor y las personas que ambos odian), así que el hecho que él esté dudando por qué ella ha cocinado no le sorprende.

~

Nadie ha muerto, lindura —rueda los ojos—; eso sí, no te puedo asegurar que continuarás con vida si mis tostadas se enfrían y tú no las pruebas antes de que eso ocurra.

Jude está seguro que el puto dolor de cabeza que tiene no es por todo lo que bebió anoche (bueno, en parte sí), sino por no entender qué diablos está ocurriendo. Entrecierra los ojos un segundo tratando de recordar qué hizo o dijo anoche. Nada le viene a la mente y suspira. Lo que sea.

—Vale.

(Jude sigue sin confiar mucho en lo que está pasando, pero sabe mejor que tratar de contradecir a una mujer. Eso nunca termina bien para él. Nunca.)

xxx

Ambos comen en silencio absoluto.

Liza, con miedo de decir algo que podría arruinar lo que sea que está ocurriendo entre los dos. Jude, que tiene demasiada hambre y confusión como para tratar de hacer una plática pequeña e incómoda.

El único ruido viene de la televisión que es su música de fondo; Jude comiendo con cubiertos (Liza negó la cabeza cuando lo vio hacer eso, pero no dijo nada); las tazas de café siendo tomadas con más y más frecuencia porque ninguno saben qué harán una vez que no tengan nada más que los distraiga.

(Liza odia el café y le está dando jaqueca; Jude preferiría que fuera zumo de naranja.)

El silencio incómodo y el miedo a lo desconocido llegaron hasta un punto en el que alguien (Jude) se cansó y decidió hacer algo al respecto. Como todo en la vida, si lo piensas un momento.

— ¿Piensas decirme qué diablos te pasa, o debo sacártelo a fuerza, Liza?

Jude odia (tanto como al Liverpool, mucho más que a The Beatles) usar el apodo favorito de Elizabeth, pero en este momento eso no le importa mucho. Lo que importa es saber qué está pasando.

Liza alza ambas cejas cuando escucha que Jude ha usado su apodo (y está segura que si hubiera estado tomando café se estaría atorando con él en este momento). Muerde su labio inferior y luego se da una cachetada interna. Liza, cariño, ¿desde cuándo te callas cuando tienes mucho en la mente y sabes que si no lo dices explotarás? Exacto, nunca lo haces. Ahora respira dramáticamente y responde con toda la puta seguridad que tienes en tu interior.

—Me besaste y declaraste tu amor a mí cuando te abrí la puerta en la madrugada, Jude.

—Oh.

—Exacto.

A Liza no le gusta pensar mucho en la palabra amor porque lleva unos cuantos años fuera de su organismo y diccionario. En su experiencia personal, amor viene de la mano con decepción, celos, noches en vela, corazón roto, lágrimas, sufrimiento, felicidad absoluta por un par de días y tristeza. Lo cual, cuando tienes 17 años y te llamas Elizabeth O’Brien, no es algo que quieras en tu vida. Vamos, que hay cosas más importantes (no realmente), divertidas (eso sí) y peligrosas (las mejores) por hacer que llorar porque el chico que te gusta no te ha devuelto lo que pensaste fue una mirada llena de tu amor que en realidad lo incomodó porque lo mirabas como si fuera una cosa y no una persona.

Y es justamente por ello que necesita realizar la siguiente pregunta:

—Mentías al respecto, ¿cierto? Estabas demasiado borracho y no sabías qué estabas diciendo, ¿verdad?

No —suspira—. No mentía, Liza.

—Mierda —respira hondo y cierra sus ojos—. Deja de llamarme Liza, Jude.

Jude rueda los ojos. De todas las cosas que podrían preocuparle en éste momento a Liza, ella ha decidido molestarse porque la llama como le ha pedido durante todos estos años. Esa es su Ellie.

—No.

— ¿Disculpa?

Joder, Jude no puede evitar volver a rodar los ojos. La Elizabeth frente suyo no es la que conoce y quiere. La Elizabeth frente suyo es una mentirosa. Alguien que está escondiendo sus sentimientos porque tiene ¿miedo? ¿Asco? ¿Lo que putas sea? Y no lo quiere afrontar. Frunce el ceño.  No entiende por qué le ha declarado un amor que dejó de existir una vez que conoció a la irlandesa; pero no es del tipo de hombre que se retracta, así que le siguió la corriente.

—No. No te dejaré de decir Liza. No me arrepiento de haberte besado. No pienso pedir disculpas por darte a conocer lo mucho que significas para mí.

Pausa. Respiro. Negar la cabeza. Continuar.

—Sé que he sueno jodidamente afeminado, pero es la verdad.

Listo.

 —Vale.

Pestañear. Suspirar. Tratar de pensar algo coherente. Fallar. Fallar mejor. Deja de medio parafrasear a Samuel Beckett, Liza. Verlo a los ojos y negar. Estar completamente segura de lo que va a salir de su boca. Es lo indicado (para ella, para él; para ambos).

—Eso sí, no he entendido una cosa: ¿por qué me has dicho algo sobre pasar la tarde tirados en Starbucks hablando de todo y de nada en las tardes de invierno? —Alza una ceja—. Odio ese lugar y nunca lo he visitado contigo.

Ahora es el turno de Jude de pensar mierda. Si su memoria no le falla, no sólo nunca ha visitado un Starbucks en su vida con Liza (o por decisión propia); si no que con la única persona que ha visitado ese lugar es a la cual está seguro sería la única a la cual le declararía su amor borracho. La persona con la que ha confundido a Liza estando él borracho.

Hazel.

(Su irlandesa.)



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